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Playa Punta Ballena

Punta Ballena o Punta de la Ballena es unos de los lugares con magia en Punta del Este, esta a solo 18 km de la peninsula y a 3 km del aeropuerto internacional.

Cuanta con varios lugares destacados como ser las Cumbres, Laguna del Sauce, varias playas de poca profundidad que presenta muy tranquilas para gozar en familia y hacer deportes náuticos. La gran mayoría de los barcos van a la bahia que se forma, dando un espectáculo único.

La zona fue inicialmente comprada por Antonio Lussich, al igual que los montes al norte de la punta, donde hoy se encuentra el Museo y Arboretum Lussich bautizado con su nombre.

A lo largo de la playa se pueden observar grandes mansiones, muchas de ellas han invadido con sus jardines las dunas que originalmente pertenecían a la playa, se cree que esto es una de las causas de la humedad de esta playa ya que inmovilaza a las dunas, porque como se sabe las dunas son dinámicas, (están en constante movimiento) al impedirse este movimiento se produce un cierto estancamiento de la arena.

Casapueblo

La construcción denominada “Casa Pueblo”, obra del pintor y escultor uruguayo Carlos Páez Vilaró, es un símbolo de la región turística de Punta del Este. Su construcción fue realizada durante 36 años. Se encuentra en realidad en la zona de Punta Ballena, que está al oeste de Punta del Este, a pocos kilómetros de la ciudad.

Se considera universalmente como una “escultura habitable”. En su interior cuenta con varias salas en dirección al mar, donde constantemente se llevan a cabo exposiciones de esculturas, pinturas y cerámicas. El lugar también es famoso por las puestas de sol que pueden observarse desde su arquitectura. También existe un complejo para hospedaje.

 

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Ballenas en la bahia

Historia de las ballenas en Punta del Este

Son gigantes, vienen de visita y llegan por el mar

Resulta llamativo que, a pesar de ser Uruguay un país costero, nuestra cultura muestre señales tan marcadas de haberse desarrollado de espaldas al mar. Entre los meses de julio y noviembre, todos los años, asistimos maravillados (y hasta sorprendidos) a la visita anual de las ballenas francas a las costas rochense y fernandina.

cabezalAunque siempre fue así, este acontecimiento periódico tan singular no forma parte sustancial de nuestro sentir y valoración sobre la naturaleza uruguaya. Entre las numerosas ballenas que forman parte de nuestra fauna autóctona, sobresale la ballena franca (Eubalaena australis) por la regularidad y frecuencia con que se producen los avistamientos costeros.

Por fortuna se acerca a nuestras costas para reproducirse, brindándonos la oportunidad de observar su plácida presencia, privilegio que muy pocos pueblos del mundo tienen. Pero, hasta hace muy poco tiempo su comportamiento ha jugado en su contra. La facilidad con que se caza a esta especie, la ha llevado al borde de la extinción.

Hoy, gracias a las prohibiciones y al trabajo de numerosas organizaciones conservacionistas, su población se recupera lentamente.

A pesar del privilegio que tenemos, casi nada de información acerca de la ballena franca forma parte de nuestro acervo popular. Pocos saben que, en un principio, Punta del Este fue un pueblito ballenero.

A fines del siglo XVIII funcionó en la isla Gorriti una factoría para procesar ballenas.

En la propia bahía de Maldonado, en cuatro meses del año 1795 se cazaron 20 ballenas.

La primera iluminación de las calles de Maldonado se realizó con aceite de ballena franca.

No es casualidad que una ballena franca adorne el escudo fernandino, exhibiendo su inconfundible doble resoplido.

La creencia popular asume que las ballenas expulsan chorros de agua. Sin embargo lo que expelen es vapor de agua como consecuencia de la expiración de aire caliente, el cual al entrar en contacto con el aire frío exterior, se condensa formando esa nube tan visible y sonora.

Lo cierto es que nuestro país cuenta con el privilegio de exhibir todos los años la llegada de las ballenas francas a la costa.

Existe la posiblidad de avistarlas desde Piedras del Chileno, en Pinares, donde se encuentra instalado uno de los interesantes observatorios de avistamiento que posee Maldonado.

Pero si la idea es verlas bien de cerca, en el Puerto de Punta del Este hay varias empresas que ofrecen salidas en embarcaciones que se acercan a este mamifero y cuentan con guías especializados para explicar detalles del cetáceo.

Los paquetes para ir a ver las ballenas son variados, tanto pueden ser por el día, como por el fin de semana incluyendo en ese caso el alojamiento. Lo mejor es acercarse a su agencia de turismo amiga para conocer las diferentes posibilidades.

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Un pueblecito llamado Maldonado.

Hablar de la historia de Maldonado es mencionar parte de la memoria e idiosincrasia del país. Región de ricos contrastes, con un paisaje recortado por las sierras y que se adentra en el mar separando el Río de la Plata y el Océano Atlántico sobre una costa de 100 kilómetros.

Desde el inicio de la dominación española el actual territorio uruguayo presentó condiciones difíciles para la ocupación humana en cuanto a su clima y recursos naturales.

En la fundación de Maldonado podemos ver la historia típica de nuestro país. El esfuerzo de aquellos aventureros que apreciaron su valor estratégico (era sin duda la que primero resistía los ataques de los invasores). José Joaquín de Viana, siendo Gobernador de Montevideo, lo primero que intentó es ganar terreno a la presencia portuguesa. Como toda la Banda Oriental, era una zona ambicionada por Portugal, las misiones jesuíticas y los grandes hacendados bonaerenses, entre otros, por la invalorable fuente de recursos de los cueros vacunos, haciendo un espacio que como decía Félix de Azara un lugar sin reglas.

Sin lugar a dudas, y tras un período de toma y daca, y por los diversos tratados internacionales, nuestra región se encontraba en pleno proceso de limitación territorial entre las dos coronas. Sin embargo, el rey español hacía oídos sordos a lo que solicitaba el Gobernador de Viana ya que no se estaba dispuesto (por el gran endeudamiento del Imperio Español y la creciente amenaza de las potencias europeas) a gastar un solo doblón ni el reconocimiento de derechos a los primeros pobladores en tierras tan lejanas. De ahí, nos gustaría destacar el rol emprendido por de Viana y los primeros trece colonos, quienes contra viento y marea desarrollaron un pequeño poblado sobre la Laguna del Diario, que con el pasaje del tiempo se volvería en uno de los principales puntos turísticos, productivos y demográficos de nuestro país.

Desde su fundación y por casi dos siglos el aspecto de Maldonado permaneció con similares características. A modo de ejemplo, nos sirve la estadía del famoso autor de la teoría de la evolución del hombre, el inglés Charles Darwin, quien al llegar a estas tierras decía que Maldonado “es un pueblecito por demás tranquilo, como olvidado; como se estila generalmente en estos países, sus calles han sido trazadas perpendicularmente y en su centro se halla una gran plaza que, por su tamaño, destaca aún más lo exiguo de su población. Es muy escaso su movimiento comercial, limitándose las exportaciones a unos pocos cueros y reses en pie. La mayoría de sus habitantes son hacendados, además de los pocos comerciantes y gentes de oficios tales como herreros y carpinteros, que se ocupan de todas las labores de su especialidad en cincuenta millas a la redonda”.

Pero la otra fuente de recursos que logró la pervivencia de Maldonado fue la abundancia de ballenas en nuestras costas que hasta el propio Fructuoso Rivera, primer presidente de nuestro país, le concedió a otro gran impulsor de la historia fernandina, Francisco Aguilar, junto a la concesión de la faena de lobos marinos.

Para terminar con esta breve reseña de los primeros años, una anécdota que pinta lo que significó los primeros pasos de Maldonado y el surgimiento de Punta del Este, en particular de la Isla Gorriti. Francisco Gorriti era un militar de grado que formaba parte de las fuerzas montevideanas y que culminaría preso en la isla que hoy lleva su nombre. Por discrepancias con José Joaquín de Viana, por tener que aportar económicamente como todos los pobladores de Montevideo. El Gobernador, quien haciendo uso de su poder y, más allá de las válidas razones del militar para no acatar la exigencia administrativa, expresó “pague primero y reclame después”.  

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