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Así Nació Punta del Este

Punta del Este nació como pueblo el 5 de julio de 1907, cuando el presidente Claudio Williman promulgó la ley N° 3186, declarando oficialmente “…con la denominación de Punta del Este al conjunto de casas situadas en Punta del Este, Departamento de Maldonado”. En ese momento en que se resolvió otorgar a la península la categoría de pueblo, Punta del Este contaba ya con un fraccionamiento definitivo efectuado por el agrimensor Francisco Surroca.

En 1516 el navegante español Juan Díaz de Solís durante su expedición al Río de la Plata bautizó al lugar como Puerto de Nuestra Señora de la Candelaria. Las primeras construcciones de la península fueron el cuarto de guardia y el polvorín de la batería de San Fernando, levantados entre 1765 y 1766.

Tiempo después, en el año 1829, el cabo sobre el cual ya existían algunos asentamientos humanos, fue bautizado “Villa Ituzaingó” por Francisco Aguilar, en recuerdo de la victoria de los criollos sobre las fuerzas imperiales brasileñas en 1827. Aguilar desarrolló los planos de la futura ciudad y realizó distintas obras.

Aguilar, un hombre acaudalado, había llegado a Uruguay en 1810. En 1811 compró tierras y se dedicó a la agricultura y la fabricación de baldosas. En Punta del Este instaló la primera fábrica de estos cerámicos. Aguilar también fue el primer armador del país. Asimismo, se dedicó a la ganadería y a la política.

En 1829 recibió el título de alcalde de la comuna de Maldonado y, en 1834, fue nombrado administrador de correos. En 1840 fue elegido senador de la República, falleciendo ese mismo año.

Desde su cargo de alcalde del departamento de Maldonado impulsó la construcción de numerosas escuelas, iglesias e instituciones que aún hoy se mantienen en pie y son un reflejo de aquellos años de lucha y esfuerzo.

La abundancia de ballenas en las costas era tal que, durante la presidencia de Fructuoso Rivera se le concedió a Aguilar el derecho exclusivo a pescar y faenar estos animales durante 10 años en el Puerto de Maldonado y costas del Estado, por la suma de 75 pesos cada seis meses. Tenía además la concesión para faenar los lobos marinos de Isla de Lobos y del departamento de Rocha.

El 13 de junio de 1843 la península fue vendida a los hermanos Samuel y Alejandro Lafone, quienes la compraron en 4500 pesos, así como también la Isla Gorriti, la cual costó 1500 pesos. Al igual que Aguilar, los Lafone explotaron saladeros.

En 1889 se construyó el primer hotel, propiedad de Pedro Risso. Ya en ese entonces ya había un caserío habitado por gente de mar y por los encargados de la aduana y el faro, que aumentaba en forma paulatina su población en los meses de verano, con personas que comenzaron a ver en Punta del Este un lugar de descanso y terapia, disfrutando al mismo tiempo, de las bellezas naturales que ofrecía la península.

En 1906 Punta del Este contaba con 492 habitantes, 111 casas construidas, 20 en construcción y 300 por construirse. Muchos de sus habitantes tenían ya sueños y otros tantos promovían iniciativas para hacer de Punta del Este una estación balnearia similar a las europeas de Biarritz y Brighton. En 1907 arribaron los primeros veraneantes a bordo del vapor “Golondrina”, un grupo de familias argentinas y montevideanas invitadas por el Directorio de la Sociedad “Balneario Punta del Este”.

Punta del Este nació como pueblo el 5 de julio de 1907, cuando el presidente Claudio Williman promulgó la ley N° 3186, declarando oficialmente «…con la denominación de Punta del Este al conjunto de casas situadas en Punta del Este, Departamento de Maldonado». En ese momento en que se resolvió otorgar a la península la categoría de pueblo, Punta del Este contaba ya con un fraccionamiento definitivo efectuado por el agrimensor Francisco Surroca.

En 1909 se colocó la piedra fundamental de la Iglesia de Punta del Este y, siete años después, en 1916,se iluminó el balneario con la primera instalación eléctrica.

En 1924 Niceto S. de Loizaga y sus amigos fundaron el Yacht Club de Punta del Este. El fraccionamiento del barrio San Rafael fue realizado por Laureano Alonso Pérez, un español llegado de Argentina. Con Pizzorno y Antonio Lussich formaron la sociedad que construyó el Hotel San Rafael de Punta del Este.

Punta del Este tuvo un formidable desarrollo inmobiliario hacia 1980; en el balneario florecieron las torres de apartamentos y los complejos hoteleros. A partir de ese entonces, con altibajos condicionados por los ciclos económicos del país y la región, la actividad inmobiliaria se ha convertido en otro motor de la economía de Punta del Este.

(fotos: Museo del Mar)

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Ballenas en la bahia

Historia de las ballenas en Punta del Este

Son gigantes, vienen de visita y llegan por el mar

Resulta llamativo que, a pesar de ser Uruguay un país costero, nuestra cultura muestre señales tan marcadas de haberse desarrollado de espaldas al mar. Entre los meses de julio y noviembre, todos los años, asistimos maravillados (y hasta sorprendidos) a la visita anual de las ballenas francas a las costas rochense y fernandina.

cabezalAunque siempre fue así, este acontecimiento periódico tan singular no forma parte sustancial de nuestro sentir y valoración sobre la naturaleza uruguaya. Entre las numerosas ballenas que forman parte de nuestra fauna autóctona, sobresale la ballena franca (Eubalaena australis) por la regularidad y frecuencia con que se producen los avistamientos costeros.

Por fortuna se acerca a nuestras costas para reproducirse, brindándonos la oportunidad de observar su plácida presencia, privilegio que muy pocos pueblos del mundo tienen. Pero, hasta hace muy poco tiempo su comportamiento ha jugado en su contra. La facilidad con que se caza a esta especie, la ha llevado al borde de la extinción.

Hoy, gracias a las prohibiciones y al trabajo de numerosas organizaciones conservacionistas, su población se recupera lentamente.

A pesar del privilegio que tenemos, casi nada de información acerca de la ballena franca forma parte de nuestro acervo popular. Pocos saben que, en un principio, Punta del Este fue un pueblito ballenero.

A fines del siglo XVIII funcionó en la isla Gorriti una factoría para procesar ballenas.

En la propia bahía de Maldonado, en cuatro meses del año 1795 se cazaron 20 ballenas.

La primera iluminación de las calles de Maldonado se realizó con aceite de ballena franca.

No es casualidad que una ballena franca adorne el escudo fernandino, exhibiendo su inconfundible doble resoplido.

La creencia popular asume que las ballenas expulsan chorros de agua. Sin embargo lo que expelen es vapor de agua como consecuencia de la expiración de aire caliente, el cual al entrar en contacto con el aire frío exterior, se condensa formando esa nube tan visible y sonora.

Lo cierto es que nuestro país cuenta con el privilegio de exhibir todos los años la llegada de las ballenas francas a la costa.

Existe la posiblidad de avistarlas desde Piedras del Chileno, en Pinares, donde se encuentra instalado uno de los interesantes observatorios de avistamiento que posee Maldonado.

Pero si la idea es verlas bien de cerca, en el Puerto de Punta del Este hay varias empresas que ofrecen salidas en embarcaciones que se acercan a este mamifero y cuentan con guías especializados para explicar detalles del cetáceo.

Los paquetes para ir a ver las ballenas son variados, tanto pueden ser por el día, como por el fin de semana incluyendo en ese caso el alojamiento. Lo mejor es acercarse a su agencia de turismo amiga para conocer las diferentes posibilidades.

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Un pueblecito llamado Maldonado.

Hablar de la historia de Maldonado es mencionar parte de la memoria e idiosincrasia del país. Región de ricos contrastes, con un paisaje recortado por las sierras y que se adentra en el mar separando el Río de la Plata y el Océano Atlántico sobre una costa de 100 kilómetros.

Desde el inicio de la dominación española el actual territorio uruguayo presentó condiciones difíciles para la ocupación humana en cuanto a su clima y recursos naturales.

En la fundación de Maldonado podemos ver la historia típica de nuestro país. El esfuerzo de aquellos aventureros que apreciaron su valor estratégico (era sin duda la que primero resistía los ataques de los invasores). José Joaquín de Viana, siendo Gobernador de Montevideo, lo primero que intentó es ganar terreno a la presencia portuguesa. Como toda la Banda Oriental, era una zona ambicionada por Portugal, las misiones jesuíticas y los grandes hacendados bonaerenses, entre otros, por la invalorable fuente de recursos de los cueros vacunos, haciendo un espacio que como decía Félix de Azara un lugar sin reglas.

Sin lugar a dudas, y tras un período de toma y daca, y por los diversos tratados internacionales, nuestra región se encontraba en pleno proceso de limitación territorial entre las dos coronas. Sin embargo, el rey español hacía oídos sordos a lo que solicitaba el Gobernador de Viana ya que no se estaba dispuesto (por el gran endeudamiento del Imperio Español y la creciente amenaza de las potencias europeas) a gastar un solo doblón ni el reconocimiento de derechos a los primeros pobladores en tierras tan lejanas. De ahí, nos gustaría destacar el rol emprendido por de Viana y los primeros trece colonos, quienes contra viento y marea desarrollaron un pequeño poblado sobre la Laguna del Diario, que con el pasaje del tiempo se volvería en uno de los principales puntos turísticos, productivos y demográficos de nuestro país.

Desde su fundación y por casi dos siglos el aspecto de Maldonado permaneció con similares características. A modo de ejemplo, nos sirve la estadía del famoso autor de la teoría de la evolución del hombre, el inglés Charles Darwin, quien al llegar a estas tierras decía que Maldonado “es un pueblecito por demás tranquilo, como olvidado; como se estila generalmente en estos países, sus calles han sido trazadas perpendicularmente y en su centro se halla una gran plaza que, por su tamaño, destaca aún más lo exiguo de su población. Es muy escaso su movimiento comercial, limitándose las exportaciones a unos pocos cueros y reses en pie. La mayoría de sus habitantes son hacendados, además de los pocos comerciantes y gentes de oficios tales como herreros y carpinteros, que se ocupan de todas las labores de su especialidad en cincuenta millas a la redonda”.

Pero la otra fuente de recursos que logró la pervivencia de Maldonado fue la abundancia de ballenas en nuestras costas que hasta el propio Fructuoso Rivera, primer presidente de nuestro país, le concedió a otro gran impulsor de la historia fernandina, Francisco Aguilar, junto a la concesión de la faena de lobos marinos.

Para terminar con esta breve reseña de los primeros años, una anécdota que pinta lo que significó los primeros pasos de Maldonado y el surgimiento de Punta del Este, en particular de la Isla Gorriti. Francisco Gorriti era un militar de grado que formaba parte de las fuerzas montevideanas y que culminaría preso en la isla que hoy lleva su nombre. Por discrepancias con José Joaquín de Viana, por tener que aportar económicamente como todos los pobladores de Montevideo. El Gobernador, quien haciendo uso de su poder y, más allá de las válidas razones del militar para no acatar la exigencia administrativa, expresó “pague primero y reclame después”.  

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