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Un pueblecito llamado Maldonado.

Hablar de la historia de Maldonado es mencionar parte de la memoria e idiosincrasia del país. Región de ricos contrastes, con un paisaje recortado por las sierras y que se adentra en el mar separando el Río de la Plata y el Océano Atlántico sobre una costa de 100 kilómetros.

Desde el inicio de la dominación española el actual territorio uruguayo presentó condiciones difíciles para la ocupación humana en cuanto a su clima y recursos naturales.

En la fundación de Maldonado podemos ver la historia típica de nuestro país. El esfuerzo de aquellos aventureros que apreciaron su valor estratégico (era sin duda la que primero resistía los ataques de los invasores). José Joaquín de Viana, siendo Gobernador de Montevideo, lo primero que intentó es ganar terreno a la presencia portuguesa. Como toda la Banda Oriental, era una zona ambicionada por Portugal, las misiones jesuíticas y los grandes hacendados bonaerenses, entre otros, por la invalorable fuente de recursos de los cueros vacunos, haciendo un espacio que como decía Félix de Azara un lugar sin reglas.

Sin lugar a dudas, y tras un período de toma y daca, y por los diversos tratados internacionales, nuestra región se encontraba en pleno proceso de limitación territorial entre las dos coronas. Sin embargo, el rey español hacía oídos sordos a lo que solicitaba el Gobernador de Viana ya que no se estaba dispuesto (por el gran endeudamiento del Imperio Español y la creciente amenaza de las potencias europeas) a gastar un solo doblón ni el reconocimiento de derechos a los primeros pobladores en tierras tan lejanas. De ahí, nos gustaría destacar el rol emprendido por de Viana y los primeros trece colonos, quienes contra viento y marea desarrollaron un pequeño poblado sobre la Laguna del Diario, que con el pasaje del tiempo se volvería en uno de los principales puntos turísticos, productivos y demográficos de nuestro país.

Desde su fundación y por casi dos siglos el aspecto de Maldonado permaneció con similares características. A modo de ejemplo, nos sirve la estadía del famoso autor de la teoría de la evolución del hombre, el inglés Charles Darwin, quien al llegar a estas tierras decía que Maldonado “es un pueblecito por demás tranquilo, como olvidado; como se estila generalmente en estos países, sus calles han sido trazadas perpendicularmente y en su centro se halla una gran plaza que, por su tamaño, destaca aún más lo exiguo de su población. Es muy escaso su movimiento comercial, limitándose las exportaciones a unos pocos cueros y reses en pie. La mayoría de sus habitantes son hacendados, además de los pocos comerciantes y gentes de oficios tales como herreros y carpinteros, que se ocupan de todas las labores de su especialidad en cincuenta millas a la redonda”.

Pero la otra fuente de recursos que logró la pervivencia de Maldonado fue la abundancia de ballenas en nuestras costas que hasta el propio Fructuoso Rivera, primer presidente de nuestro país, le concedió a otro gran impulsor de la historia fernandina, Francisco Aguilar, junto a la concesión de la faena de lobos marinos.

Para terminar con esta breve reseña de los primeros años, una anécdota que pinta lo que significó los primeros pasos de Maldonado y el surgimiento de Punta del Este, en particular de la Isla Gorriti. Francisco Gorriti era un militar de grado que formaba parte de las fuerzas montevideanas y que culminaría preso en la isla que hoy lleva su nombre. Por discrepancias con José Joaquín de Viana, por tener que aportar económicamente como todos los pobladores de Montevideo. El Gobernador, quien haciendo uso de su poder y, más allá de las válidas razones del militar para no acatar la exigencia administrativa, expresó “pague primero y reclame después”.  

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